En el área cultural del Gobierno nacional, los primeros 10 meses de gestión se dedicaron, casi en exclusividad, a ordenar internamente los papeles y a tener un relevamiento, lo más cierto posible, de qué está pasando en cada área del quehacer artístico del país. Esa mirada hacia adentro tiene proyecciones y repercusiones hacia afuera, ya que la mayor parte de recursos públicos para la realización de eventos artísticos vienen de los bolsillos que se administran en la Capital Federal, que parecen haber comenzado a abrirse.
Lo cierto es que el ministerio que formalmente encabeza Pablo Avelluto está operativamente fragmentado en numerosos entes autónomos y autárquicos, que incluso tienen presupuestos propios y libertad funcional. Esto exige un fortalecimiento de los vasos comunicantes y una conducción clara que permita tener unidad de criterios y de acciones y que minimice las superposiciones. Si la política cultural estatal obliga a la articulación de distintos saberes, en lo burocrático se potencia esa necesidad, ya que hay numerosas estructuras entre las cuales dialogar. Y se sabe que en política hay, muchas veces, pocas ganas de compartir y muchas más de concentrar decisiones.
En el ámbito de la Nación conviven los institutos de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa); de Teatro (INT) y de Música (Inamu); elencos oficiales de distintas expresiones; salas teatrales y de exposición, y espacios físicos y virtuales. Un universo complejo, que realmente requiere de expertos para hacerlo funcionar, y con leyes específicas para distribuir los dineros de los contribuyentes (en algunos casos, con afectación directa, como el impuesto a las entradas de cine para sostener el Incaa).
Todo indica que la tarea de ordenamiento está llegando a su fin, para ilusión de los artistas tucumanos. El INT se ha puesto al día con las deudas que acumuló el final de la tumultuosa gestión anterior de Guillermo Parodi, y se concretó el desembolso de lo que se le debía a las salas con subsidio nacional: el piso ronda los $ 30.000 por año, que se duplicó por un aporte extraordinario por el Bicentenario de la Declaración de la Independencia y por la Fiesta Nacional que se realizó en mayo. Si se mensualiza el monto anual, es bastante escaso para soportar el funcionamiento de una sala (menos de $ 3.000), a lo cual se debe agregar la necesidad de hacer un colchón financiero para atender la temporada de diciembre a febrero, cuando la actividad es casi o literalmente nula. De allí que la necesidad de cerrar una etapa y abrir otra se mantiene en una instancia vital para la actividad.
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En el mundo del cine, la expectativa sobre el futuro económico del Incaa llegó a su fin el jueves, con el anuncio de los planes de subsidios y apoyos dentro de su fondo de fomento por $930 millones. De ese acto trascendió principalmente la foto entre Andrea del Boca (otrora encumbrada militante K) y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, como símbolo del cierre de la grieta, pero lo relevante son las cifras: $895 millones se destinarán a la producción de filmes; otros $24 millones para 42 cortometrajes y $11 millones para el “desarrollo de guiones y proyectos”, según la información oficial, una etapa germinativa previa a llegar a la claqueta que suena cada vez que se empieza a rodar.
En el detalle de lo anunciado, los montos se desglosan y así se anuncia que se llamará a 36 concursos de largometrajes (sea de animación o de ficción, sean ópera prima o segunda película de directores noveles) con montos individuales de hasta $ 8 millones, menos de la mitad de lo previsto dar para producciones que abarquen una audiencia masiva.
En lo que le interesa específicamente a Tucumán, habrá un Régimen de Fomento Regional para 12 largos, de los cuales dos subsidios quedarán en el NOA. También en la región se dispondrá la misma cantidad de apoyos (dos en cada rubro) para el desarrollo de guión para animación y para ficción por $142.000 cada uno; desarrollo de proyectos de $250.000 en ficción y de $100.000 para documentales, y para tres cortometrajes, por $600.000 para cada producto.
Cabe consignar que los recursos que obtiene el Incaa deben ser obligatoriamente destinados a las actividades elegidas, sin posibilidad de que queden en el erario, y que aún falta determinar cómo se van a distribuir, con la ilusión de que sea de un modo transparente y sin predominancia de un grupo de amigos; caso contrario, se abriría otra grieta en la que aún no se cerró (pese a las imágenes de convivencia que pudiesen haber).
En el Festival Internacional de Cine Gerardo Vallejo, que tendrá lugar en Tucumán entre el 20 y el 29 de este mes y que apuntará al estreno de películas latinoamericanas, se anunciará la contraparte local a las ayudas nacionales. Aunque todavía queda la confirmación oficial, es casi un hecho el anuncio de la supresión de parte de la carga impositiva provincial de Rentas sobre aquellas películas de productoras radicadas en este territorio que tengan aprobación del Incaa. Así se potenciaría la mano de obra tucumana, con la ilusión de, en el futuro, llegar a ser como los polos existentes en Córdoba o en Misiones, con filmes de proyección internacional (por ejemplo, “La patota”).
Esta medida fue conversada también con las autoridades vernáculas para que se aplique también en el teatro. Hace menos de tres meses, el productor Javier Faroni (uno de los más importantes del país) dialogó con encumbrados funcionarios del gabinete provincial y consiguió la promesa de eliminar la carga tributaria a los emprendimientos culturales independientes, sin fines de lucro (como son la mayoría). La prédica del empresario no es casual: es diputado provincial en Buenos Aires por Sergio Massa y está impulsando una ley en ese sentido para su distrito. Todavía no se sabe avance alguno en esta materia, pero quizás sea un buen momento para anunciarlo la Fiesta Provincial de Teatro que tendrá lugar a fin de año (en fecha aún a definir), con fondos del INT.